En los primeros años del S. XX, el buceador griego Elias Stadiatos se topó casualmente con los restos herrumbrosos de un naufragio del S. I a.C. a unos 40 m. de profundidad en el mar Egeo. Numerosos objetos fueron recuperados, incluyendo una masa oxidada e informe de metal del tamaño de una caja de zapatos, que fué almacenada en el museo ateniense hasta que la curiosidad hizo que el historiador y científico Derek de Solla volviera la vista sobre él. El desprendimiento de algunos fragmentos permitió vislumbrar lo que parecían ser ciertos engranajes de función incierta, y el ahora instrumento recibio el nombre de mecanismo de Antikythera (lugar donde se halló el pecio). Derek, familiarizado con el estudio de astrolabios medievales, creyó encontrarse frente a un ingenio astronómico, lo cual fué confirmado mediante tomografía lineal hace pocos años, revelando además que el objeto poseía una complejidad no igualada hasta la invención de los engranajes diferenciales en el S.XVI. Calculadora astronómica, fases lunares, predicción de eclipses y conversión entre diferentes ciclos temporales..... en el escenario helénico donde supuestamente no eran capaces ni de construir un astrolabio funcional.
En 1501, Kemal Reis, capitán de la flota otomana (pirata redomado) capturó siete navíos en lo que hoy serían aguas españolas, apresando a varios marineros, uno de los cuales, casualmente, había participado en la empresa isabelina del "descubrimiento" de América unos años antes. Bajo presión, consiguió hacerse con uno de los mapas que la expedición española había portado en las carabelas, enviándoselo a su sobrino Piri, de profesión cartógrafo. Junto con otras 20 cartas navales, muchas de procedencia ignota, presentó un hermoso mapa pintado sobre piel de gacela; un mapa compendio que aunaba información de las distintas fuentes, entregándolo al sultán Soliman el magnífico. Cumplida su función como carta de navegación, fué almacenado en el palacio turco de Topkapi, hasta su redescubrimiento por un orientólogo alemán en 1929. El mapa de Piri Reis no tendría mas particular sino fuese porque presentaba perfectamente numerosas islas caribeñas como tales, desembocaduras de los principales ríos sudamericanos, e incluso detalles atribuibles a la península antártica... todo ello en una época en que -supuestamente- Colón ni siquiera sabía que Cuba era una isla, y basándose en bibliografía que se remonta hasta Ptolomeo.
En ambos casos, se trata de genuinos Ooparts (del inglés Out of place artifact); auténticos anacronismos (os aseguro que los no auténticos, los fraudulentos, se encuentran por doquier, y llenan libros de segunda en librerías esotéricas) que implican una profunda revisión de los hechos, las fechas y los procesos (en este caso históricos) que tomamos como ciertos. No obstante, por desgracia, se continúa enseñando en las escuelas que Cristóbal Colón fué el primer descubridor de América en 1492.
En la inferencia temporal que se pone en juego en la investigación (seria), tanto en historiografía y arqueología como en palentología o biología evolutiva, un hallazgo de esta índole es una rara avis, el pistoletazo de salida para una ola de elucubración y debate, que debería de espolear a los intelectuales para acoplar el nuevo dato en un marco conceptual apropiado; para lo cual es necesario a veces deshacer y rehacer parte de lo construido... A veces, las implicaciones son profundas, y abundan los fraudes. Por ejemplo: un fragmento de craneo humano, puesto cuidadosamente (con premeditación y alevosía) junto con un diente de póngido en una gravera de Sussex, allá por 1908, significaba que la cuna de la humanidad estaba en Inglaterra, y la sobresaliente encefalización de Homo habría comenzado antes de que fuese necesaria, lo cual olía a designio divino con inclinaciones británicas... pero la verdad, al menos en la ciencia, se abre camino poco a poco, y el hombre de Piltdown ocupa un capítulo curioso, (quizá una advertencia), en los tratados de biología evolutiva.
Calmado el escepticismo (que no dormido) ante el artículo de Nature sobre la biota de Fezouata, ¿que puede aportarnos este Oopart palentológico? ¿Que implicaciones evolutivas tiene? ¿Que deberíamos de revisar...?
No poco...
Aunque no es el primer Lagerstatten que contiene fauna de aspecto cámbrico (se han hallado anomalocáridos devónicos en las pizarras germanas de Hunsruck, o el mítico Tullimonstrum carbonífero encontrado en Mazon Creek...), todos apuntan hacia los mismos puntos:
La "explosión" cámbrica, misterio de los misterios, parece haber sido un evento más mantenido en el tiempo de lo que acostumbramos a pensar, una diversificación mas gradual de lo que debería de considerarse una radiación brusca. Muchos argumentan (p. ej J.Moreno y otros neodarwinistas del "ala dura") que esta suavidad transicional implica que durante esa época debieron de mantenerse presiones selectivas normales (competencia, selección natural y adaptación), difuminando la distinción entre macro y microevolución.
Yo más bien me pregunto cómo pudo llegarse en tan poco tiempo a un fenómeno biológico global (yacimientos geográficamente distantes) de diversificación de formas especializadas (recuérdese que estas biotas consisten en pequeños animales litorales, con capacidad de dispersión limitada). ¿Porque no han aparecido nuevos Phyla? ¿Porque, si los mecanismos implicados en la génesis de las especies y de los phyla son similares, no aparecen nuevos phyla en estos yacimientos "tardíos"? ¿No podrían estos lugares conectarse temporalmente del mismo modo con trazos disruptivos puntuacionistas mejor que con suaves líneas transitorias? ¿No es la selección natural una hipótesis ad hoc para explicar el surgimiento de estos exitosos bauplans? ¿En qué sentido los taxones no supervivientes estaban "peor" adaptados...?
Mmmm... como siempre, la historia no ha hecho mas que empezar...
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